Hace un mes aproximadamente, en un curso que hice del que ya os he hablado hace unos días, observo como la gente sale con cierta frecuencia y entran con un vaso de agua fresquita. En el descanso pude comprobar que esa máquina de agua fresquita a la que visitaban a menudo, ya no tenía vasos de plástico para beber y que la papelera que había al lado, estaba llena de vasos de plástico. Pensé: ¡madre mía, cuanto despilfarro y qué penita para el medio ambiente! Bueno, amigos/as, una vez más es cuestión de hábitos y vamos a ver si vamos adquiriendo esas buenas costumbres, porque este despilfarro no se puede aguantar más:
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cojamos el primer vaso y lo guardamos todo el día (usaremos un vaso diario y no 5 o 6 vasos diarios). Imaginaros lo que supondrá esto multiplicado por 25 que estábamos en el curso. Pues ahora multiplica por 250 que pueden ser los que de la Delegación acceden a esa máquina de agua. Así que cada uno/a con su vaso diario, por Dios!
- O mejor aún,
llevemos una botellita de agua vacía (así reciclamos más aún) y la rellenamos no un día, sino un montón de días.
Pues este es mi consejo del día:
llevemos siempre en nuestro bolso, nuestra botellita vacía de plástico y rellenémosla de agua al pasar por una fuente pública de agua fresquita o al pasar por estas máquinas de agua fría. Esta costumbre nos hará beber agua frecuentemente (algo imprescindible para nuestra salud, y más ahora en verano) y hacerlo además de un modo económico para nosotros y para el gasto público (los vasos de plástico de esas máquinas de los edificios públicos son gasto público, es decir las pagamos entre todos, que no se nos olvide nunca!).